¿Son los machos los parientes más próximos a las bestias? Los crímenes de India y España

Este no es un artículo sobre las crisis de reputación en las redes sociales.  Es una reflexión sobre una crisis de reputación de la masculinidad, de lo que la sociedad ha definido como “ser hombre”. Porque hay momentos en que siento una vergüenza tremenda en ser hombre. Varón, chico. Cuando leo sobre el secuestro y asesinato de un bebé de 16 meses en España por un Jonathan Moya, o cuando leo sobre el estupro colectivo y asesinato de una mujer en India, no puedo dejar de pensar que muchas veces un hombre – varón, chico – es el espécimen más próximo de las bestias. La fijación de los hombre por la violencia es algo notable. ¿Sería la testosterona el único culpado, o somos entrenados para la agresión?

De niños, nuestros ídolos suelen ser los superhéroes, en eterna lucha contra algún supervillano. Luego, nos fijamos en la violencia desmesurada de un Call to Duty, para llegar, después, a apreciar la fina arte del boxeo, del ultimate fight, o de los toros. Mismo en actividades no violentas, como debería ser el fútbol, se cometen atrocidades dentro y fuera del campo, todo en nombre de un Dios que parece que tiene en los hombres sus principales adoradores. Sangre, dolor y violencia, ¿cuánto de placer existe en todo eso?

El cazador de la prehistoria parece no haber evolucionado mucho, y mismo en las oficinas también deja su marca: depredador de talentos, del tiempo y de las relaciones humanas, muchos estilos de gestión son tan solo la expresión de la violencia que lleva un jefe dentro de si – y que sufren en la piel sus subordinados. El acoso.

No que las mujeres no cometan crímenes, que no sean déspotas en el trabajo, o cobardes con sus hijos o con los mayores. Pero, es asustador notar la cantidad de crímenes bárbaros cometidos por los hombres y el sangre vertido por los varones a lo largo de la historia, en guerras, o actos de terrorismo, o en una simple discusión en el bar. En los EEUU, la población carcelaria es de un 80% hombres y, según algunos estudios, cerca de 95% de los actos de violencia en el mundo son cometidos por hombres.

¿Sería la búsqueda del poder y el gusto por la competición la verdadera fuente de todas este impulso agresivo y no simplemente las hormonas?

La hipótesis de que hay un “estilo de ser hombre” que nos es enseñado desde pequeños y que tiene una fuerza más poderosa sobre nosotros que la propia testosterona es explicada en este artículo. Mejor dicho, la sociedad enseña a los chicos que hay un estilo de ser “macho” – una construcción social – que resulta en violencia (y masculinidad no tiene que ver con el sexo de la persona, y sí con el género). Claro, hay muchos chicos que no caen en esta trampa, no son violentos, descubren innovaciones maravillosas, ganan los premios Nobel o crean sinfonías. Afortunadamente, existen estos hombres que saben como lidiar con sus demonios, sus frustraciones y no dejan ser llevados por el ideal de masculinidad brutal que la sociedad quiere imponer a costa de su vida y de las demás.

Para aumentar la cantidad de hombres de verdad, y disminuir el número de bestias-hombres, la sociedad debe tomar actitudes contra la glorificación de la violencia en los medios de comunicación (el cine, por ejemplo, es una fábrica de escenas de brutalidad), en el deporte, y, sobre todo, en las casas: el hombre de verdad llora, tiene sentimientos y usa la cabeza y el corazón, no la grosería, el cuchillo o la pistola.

 

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