Cómo intentar prevenir los riesgos reputacionales en las redes sociales: lecciones de los Juegos Olímpicos de Londres- I

Los riesgos reputacionales en la redes sociales y las posibles crisis de reputación online son los nuevos temas para el dolor de cabeza de los organizadores de los Juegos Olímpicos de Londres. Ellos se suman a la preocupación habitual con los atentados terroristas, los problemas de la infraestructura, las gafes diplomáticas (cambiar banderas e himnos, por ejemplo), y son de naturaleza tan incontrolable como estos riesgos. En Londres vemos que  los atletas, las delegaciones y el COI (Comité Olímpico Internacional) intentan prepararse para el riesgo que es mezclar la pasión del deporte y atletas de todos los países del mundo con las herramientas instantáneas de los medios sociales. Algo que, por ejemplo, ya ocurrió y comentamos, respecto a la Eurocopa.

La emoción del deporte y las redes sociales serían, en principio, una combinación perfecta: poder compartir sus opiniones y conocer las de los demás en tiempo real mientras un partido de fútbol, por ejemplo, ocurre, es algo genial.  En la victoria de España sobre Italia en la final de la Eurocopa, por ejemplo, los usuarios de Twitter enviaron 15.358 tweets por segundo y llegaron a un total de 16.6 millones de tweets.

También para los atletas las redes sociales permiten una interacción directa con sus fanes y el aumento del valor de su marca. Sin embargo, la misma emoción, y el interés en seguir un partido o estrellas como Michael Phelps          (523  mil seguidores en Twitter ) o Neymar (casi 5 millones (!) de seguidores en Twitter ) hicieron con que los organizadores de las Olimpiadas de Londres buscasen definir reglas para el uso de las redes sociales por los atletas – gran estrellas o simple figurantes. Porque la emoción y la comunicación ni siempre resultan en un mezcla confortable para los negocios.

Hace cuatro años, en Pekín, los medios sociales vivían su infancia, y no habían restricciones. En los juegos de invierno, en Vancouver (2010), ya bastante diseminados, el uso de los medios sociales justificaron algunas simples guías y recomendaciones generales sobre cómo hacer un blog, por ejemplo. Este año, Londres es considerada la cuña del “Social Olympics”, porque la adopción es mucho más amplia, y con eso el COI decidió tomar las riendas del tema: preparó un amplio documento que define las maneras de divulgar fotos, vídeos y audio, entre otros puntos.

Entre otras cosas mencionadas en esta “guía de estilo y comportamiento”, hay recomendaciones para que los contenidos acerca de los Juegos sean “dignificados con buen gusto y no deben incluir palabras o imágenes vulgares o obscenas”. Fotografías  dentro de la ciudad olímpica están liberadas, pero no vídeos o audio, y otro punto importante es que los atletas están advertidos para “no promocionar ninguna marca, producto o servicio en un post, blog o tweet” asociados a su participación en los Juegos, sin duda un tema muy sensible.

Si el COI busca defender la imagen de los Juegos y los intereses de los patrocinadores, por otra parte, los atletas no quieren dejar de lado el poder que consiguieron con las redes sociales. Ahora, ellos parecen no necesitar de portavoces, con todos los beneficios y riesgos que eso conlleva. Algunos, como el atleta norteamericano Nick Symmonds (un crack en social media) dijeron a Mashable que las reglas son “absurdas” y son exageradas.

Sin embargo, hay atletas que, en la ausencia de estos límites (o de sentido común), se han metido en líos desagradables:

Resumiendo, parece claro que las redes sociales llegan a su fase adulta, y la falta de gestión sobre ellas no será admitida de manera tan informal o ingenua por las empresas u organizaciones de grandes eventos, acostumbradas con ganar sus medallas en el marketing a través de un control casi absoluto de las imágenes que proyectan. No está claro si en las próximas Olimpiadas los medios sociales serán encarados de manera más relajada con más aceptación para la diversidad de opinión de los atletas, la libertad total de expresión, o con aún más control del mensaje, lo que vemos es que Londres es, en definitiva, un “turning point” respecto al tema.

Trackbacks & Pings

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *